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sábado, 10 de septiembre de 2011

11 de Septiembre


10 años del "11 de Septiembre" Renace la Esperanza

"El 11-S fue un llamado para hacer algo grande con mi vida"

Un mandato familiar podría haber llevado a Miguel Vázquez a enrolarse en las fuerzas armadas estadounidenses: por generaciones, muchos de sus parientes decidieron servir a la patria con las armas y se sumaron a las filas de la Marina.

Pero el día del llamado fue el 11 de septiembre de 2001. Cuando el vuelo 11 de American Airlines, controlado por cinco secuestradores, se estrelló contra la torre norte del World Trade Center, pensó -como muchos compatriotas- que se trataba de un accidente.

El segundo ataque, sobre la torre sur, disipó la teoría de la casualidad y se convirtió en "un signo o un símbolo" de lo que debía ser su vida: su respuesta a los atentados fue correr a inscribirse en el ejército.

"Fue un instante, cuando escuché que el gobierno declaraba que estábamos en emergencia. El 11 de septiembre me hizo sentir que debía ponerme delante de otros, de mucha gente que necesitaba mis servicios", señala el ex militar, hoy dedicado a las finanzas en una empresa familiar en California.

"El 11 de septiembre me hizo sentir que debía ponerme delante de otros, de mucha gente que necesitaba mis servicios"

Miguel Vázquez

"Fue también el momento en el que entendí que teníamos enemigos poderosos que estaban dispuestos a lastimar a mucha gente, más allá de los enemigos a los que nos habíamos enfrentado en el pasado".

En 2002, a los 19 años, Vázquez se convirtió en un soldado latino. Por entonces, la lista de las fuerzas armadas estadounidenses registraba un 12,9% de inscritos de origen hispano, según datos de la Heritage Foundation.

Nacido de padre portorriqueño y madre mexicana (proveniente del estado de Tamaulipas), el joven –hoy de 28 años- es un hispano de segunda generación y ve a Estados Unidos como "el único país que puedo considerar como mi casa".

Aunque habla fluidamente el español, a la hora de los recuerdos prefiere usar la lengua en la que fue educado en la escuela y en el barrio. La memoria le habla en inglés y la emoción le corta las frases por la mitad.

"Nunca volví a hablar del 11-S, no sé por qué, es raro, confuso… perdón…", duda, respira hondo, hace silencio. "Es muy duro revivir aquel día que marcó un antes y un después, no sólo para mí sino para todo un país, y es duro pensar en todo lo que vino después".

En el Pentágono

Frente a la televisión, Vázquez recibió la noticia del tercer ataque aquel septiembre: el vuelo 77 de American había alcanzado el Pentágono, el corazón del Ministerio de Defensa estadounidense.

Allí estaba su padre, que salió ileso, aunque eso lo supo su hijo después: en el caos del momento, no pudo comunicarse por las líneas telefónicas saturadas para saber qué suerte había corrido.

Miguel Vázquez

El 11-S hizo que Vázquez sintiera la necesidad de unidad en el país.

"Fue la primera vez que sentí que había algo más grande e importante que yo mismo. La primera vez que el país necesitaba unirse, no sólo por ser un país en los papeles sino básicamente para poder sobrevivir", señala.

Aunque antes había querido ser militar, los atentados le dieron a su misión un sentido histórico: "sabía que iba a ser parte de la historia, que era un momento de cambio profundo y yo quería ser parte".

Sus padres se opusieron a su proyecto y trataron de disuadirlo, no por falta de principios sino por temor: suponían que, por primera vez, uno de los militares de la familia efectivamente iría a una guerra.

Y allí fue él. El Cuerpo de Marines de EE.UU. lo llevó a Irak en 2003 para la invasión inicial y luego en 2004, en el marco de la operación para recuperar el control de la ciudad de Fallujah.

"El orgullo de un marine se relaciona con el espíritu de grupo, se construye con todo lo que pasas junto a tus compañeros. Estando en el terreno, sentía responsabilidad no sólo por los que estaban al lado mío peleando sino por toda la gente que estaba aquí en mi país", revela Vázquez.

El bien contra el mal

Su mirada del mundo también se vio transformada: el 11-S le enseñó a dividir el mundo entre buenos y malos de una manera radicalmente diferente a la que había aprendido en la escuela.

"Comenzó a haber una lucha del bien contra el mal que dejó de tener barreras geográficas, eran enemigos que estaban dispuestos a todo", afirma el ex marine.

"Los inocentes son inocentes, pero aquellos que hacen el mal por conseguir sus objetivos son, por definición, malas personas. Y contra ellos es que luchamos, para que no haya otro 11-S"

Miguel Vázquez

¿Cómo responde Vázquez a la controvertida idea de considerar que Estados Unidos encarna "el bien" y tiene derecho a intervenir sobre otros países?

De forma enfática: "Los inocentes son inocentes, pero aquellos que hacen el mal por conseguir sus objetivos son, por definición, malas personas. Y contra ellos es que luchamos, para que no haya otro 11-S".

"Hay mucha gente que nos ve a nosotros como los malos y es cierto que pasaron cosas allá (en Irak) sobre las que algunos de nosotros podemos sentir algún arrepentimiento. Pero por cada uno que piensa eso hay muchos más que agradecen que les hayamos ayudado a cambiar su estilo de vida allá o que les hayamos dado tranquilidad acá (en Estados Unidos)".

A diez años de los atentados que le cambiaron la vida, sabe que no volverá a ser el mismo.

"El 11-S e Irak me convirtieron en un hombre muy diferente a aquel adolescente que era en 2001. Me hicieron madurar y crecer, son años en los que seguiré pensando tanto como viva y esa transición hasta ser el que soy hoy ha sido muy, muy dura".

El 11-S, desde la torre de control



Una serie de grabaciones inéditas salió este viernes a la luz reflejando la confusión reinante el día de los atentados del 11 de septiembre de 2001, tal como la percibieron los funcionarios de aviación civil y militar que trabajaban en ese día en las torres de control de tráfico aéreo estadounidenses.

También pueden oírse en ellas las voces de miembros de la tripulación de los aviones capturados, e incluso amenazas de algunos de los secuestradores como Mohammed Atta.

La grabación fue preparada para la comisión de investigación de los sucesos del 11-S en Estados Unidos, pero no estuvo a tiempo para su inclusión en el informe distribuido en 2004.

"Todo va a estar bien"

Pantalla de radar

Después del 11-S, Estados Unidos suspendió temporalmente todo el tráfico aéreo.

Entre las grabaciones está una llamada teléfonica de Betty Ong, una azafata en el vuelo 11 de American Airlines, donde exclama "alguien ha sido apuñalado en la clase ejecutiva". En el mismo vuelo, se escucha la voz de Mohammed Atta diciendo, "nadie se mueva, todo va a estar bien. Si intentan moverse, se van a hacer daño a ustedes y al avión. Quedense callados".

La mayoría de las grabaciones son de controladores aéreos. Luego de que el vuelo 11 hiciera impacto contra las Torres Gemelas, se escucha a los controladores en momentos en que otra aeronave cruza el espacio aéreo cerca de la estación de radar, camino a Manhattan.

"Otro le acaba de dar al World Trade", dice una voz.

Y cuando aviones de combate son enviados hacia el este en medio de la confusión, un comandante militar les ordena regresar a la ciudad de Washington lo antes posible.

"No me importa cuantas ventanas rompan", dice el mayor Kevin Nasypany, minutos antes de que el último de los aviones secuestrados, el vuelo 93 de United, se estrellase en Pensilvania.



Otros héroes del 11-S: los perros de rescate

Abby

Abby es una veterana de los rescates: Torres Gemelas, Katrina, Rita...

Abby participó en las tareas de rescate de los atentados del 11-S. En la actualidad está jubilada y vive en California. Durante diez días, rastreó la enorme montaña de escombros y metal dejada por las Torres Gemelas en busca de supervivientes.

Abby es una perra labrador de color negro que pronto cumplirá catorce años.

Cuando se cumple el décimo aniversario de los atentados del 11-S, Abby ya no participa en peligrosas misiones que a lo largo de toda su carrera la llevaron a estar en las tareas de rescate de víctimas de los atentados contra las Torres Gemelas (2001) y de los huracanes Katrina y Rita (2005), o a sobrevolar en helicóptero Salt Lake City durante las olimpiadas de invierno de 2002.

Abby siempre trabajó para la misma organización, la National Disaster Search Dog Foundation (SDF), con sede en California. Trece perros de la SDF participaron en las tareas de rescate de la Zona Cero. Diez años más tarde, Abby es el único perro del grupo que todavía está vivo.

"Abby ha tenido una vida muy intensa y ahora disfruta de su jubilación aunque todavía acude diariamente a la oficina y cumple con tareas administrativas, como firmar cartas de agradecimiento con las huellas de sus patas", explica a BBC Mundo la fundadora de SDF, Wilma Melville.

Un año de entrenamiento

Wilma Melville tiene 78 años y fundó la organización tras participar junto con su perro labrador Murphy en las tareas de rescate de los atentados de Oklahoma de 1995. En esa época solo había 15 perros de rescate en todo el país.

Abby en el 11-S

Abby es el único perro de los que trabajó en el 11-S con SDF que continúa vivo.

"Me di cuenta de la cantidad de vidas que podríamos haber salvado con más perros bien entrenados y trabajando sobre terreno", indica Melville. "Eran muchas las personas que habían quedado enterradas con vida y pocos los perros para localizarlas".

La organización sin ánimo de lucro rescata a perros que han sido abandonados y que viven en refugios. En algunos casos la organización ha salvado a perros de una eutanasia segura.

Los perros se entrenan durante un año para una carrera profesional que durante una media de diez años los llevará a zonas afectadas por huracanes, terremotos, inundaciones, deslizamientos de tierra y atentados. Una de sus últimas misiones fue desplazarse a Japón tras el terremoto.

"Nosotros rescatamos a perros y más tarde estos perros rescatan a las víctimas de tragedias", afirma Melville, que fundó SDF cuando ya se había jubilado como profesora de educación física en Los Angeles y había levantado un rancho, competía en carreras de caballos y pilotaba avionetas.

"Nuestro principal reto en estos momentos es construir un centro internacional para poder entrenar equipos de rescate de todo el mundo, con una atención especial a los países de América Latina porque ya tenemos equipos de rescate en México", explica Melville.

El presupuesto del proyecto es de US$14,5 millones. Distintos donantes privados ya han aportado más de la mitad con el objetivo de que el centro sea una realidad dentro de dos años.

Mecenas

Si Melville fundó la organización tras jubilarse, las hermanas Emma y Otilia Díaz empezaron a patrocinarla tras su jubilación.


"Me di cuenta de la cantidad de vidas que podríamos haber salvado con más perros bien entrenados y trabajando sobre terreno"

Wilma Melville, National Disaster Search Dog Foundation

"Fui a la biblioteca a leer y la revista para la tercera edad Not Born Yesterday (No nací ayer, en inglés) había publicado un reportaje muy interesante sobre Wilma y pensé que a mi hermana le iba a fascinar la historia", explica Emma Díaz.

Las hermanas, nacidas en México, han patrocinado la educación de dos perros; el primero ya es un perro de rescate en San Diego y el segundo recibe entrenamiento en estos momentos para convertirse en un perro de rescate de la estación de bomberos de Tijuana, México.

Entrenar a un perro de rescate cuesta US$15.000.

La mayoría de perros se asignan a bomberos, pero no siempre. Abby fue asignada a Debra Tosch, que en la actualidad es la directora ejecutiva de la organización.

Tosch participó con Abby en las tareas de rescate de la Zona Cero durante diez días. "El trabajo de Abby consistía en rastrear áreas y asegurarse de que a los equipos humanos no se les había pasado por alto ninguna víctima", explicó a BBC Mundo.

"También estuvimos diez días en Nueva Orleans tras el Katrina y pocos días más tarde nos asignaron la misión del huracán Rita", agrega.

"Cuando se jubilan estos perros se convierten en uno más de la familia"

Debra Tosch, SDF

Abby sigue viviendo con Debra Tosch. "Cuando se jubilan estos perros se convierten en uno más de la familia". Tosch, que habló con BBC Mundo a las seis de la mañana y cuando ya había hecho una sesión de natación, ha encontrado en la SDF su vocación. "Me apasiona mi trabajo. Todas las mañanas me despierto pensando que amo el trabajo que tengo".

Abby conmemorará su décimo aniversario de los atentados del 11-S en la sede de la SDF, junto con su cuidadora y otros equipos de rescate, en un acto no abierto al público.

En números: el costo del 11-S

En números: el costo del 11-S


Los ataques del 11-S a EE.UU. tuvieron consecuencias mundiales, dando pie a un conflicto que hasta el momento ha dejado unas 250.000 personas muertas en la última década.

El primer soldado estadounidense en morir en la campaña militar que siguió a los ataques del 11-S fue Evander Earl Andrews. Murió a causa de un accidente en un montacargas durante la construcción de una pista de aterrizaje en Qatar, que serviría de apoyo a la invasión a Afganistán.

Al menos 125.000 civiles han muerto desde el inicio de la intervención liderada por Estados Unidos. Se piensa que esta cifra está subestimada en gran medida. El conflicto no ha terminado y un importante número de civiles sigue muriendo.

Aunque la mayoría de los musulmanes de EE.UU. dice que desde el 11-S es más dificil practicar su religión, el 48% y el 32%, respectivamente, piensa que los estadounidenses son "generalmente amistosos" o "neutrales" hacia ellos, mientras que el 16% piensa lo contrario.

Por cada dos personas que solicitaron unirse a la CIA en 2001, un año más tarde habían tres postulaciones.

Cerca de 3,5 millones de personas (más de 1 entre cada 10 iraquíes) siguen desplazados de sus hogares. Varios millones de iraquíes han abandonado el país.

El tiempo que las torres gemelas se mantuvieron en pie tras los ataques: la Torre Sur: 56 minutos; la Torre Norte: 102 minutos. Ambas colapsaron en 12 segundos.

Se estima que Estados Unidos ha gastado entre US$ 3,2 y US$ 4 billones en las guerras de Irak, Afganistán y Pakistán.


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